Del bienestar individual al bienestar colectivo

Françoise Brailovsky y Horacio Vives Segl
En el mundo actual han incrementado los retos a los que se enfrenta el ser humano día con día, que ponen en riesgo sus oportunidades para tener una vida plena. El continuo correr de un lugar a otro, el tráfico inherente a la masa vehicular, la inseguridad galopante, la presión económica, la unión familiar que se ve afectada y muchos otros aspectos.
Este modus operandi de la vida cotidiana lleva a lo que se conoce en Mindfulness cómo el “piloto automático”, realizando las tareas de manera mecánica, aumentando considerablemente el estrés y la ansiedad, sin dejar espacio a la creatividad, a la mente tranquila y abierta para crear nuevas ideas y proyectos. El cerebro activa el modo de supervivencia, la reacción primitiva en la cual, como lo explica Daniel Goleman, experto en inteligencia emocional, la amígdala toma el control de nuestros pensamientos y emociones en un proceso inflamatorio. La mente se acelera generando un pensamiento negativo tras otro, aumentando más el estrés.
No obstante, se puede salir de este círculo vicioso y convertirlo en un círculo virtuoso a través de traer la mente al presente, observando los cambios sin juicio, tal y como son, con mente de principiante como lo enseña el Dr. Jon Kabat-Zinn, profesor emérito de Medicina, quien creó el programa “Reducción de Estrés Basado en la Atención Plena (Mindfulness)” en el Centro Médico de la Universidad de Massachusetts. Durante las 8 semanas que dura el programa sustentado en bases científicas, demostró que la meditación aumenta la capacidad de atención después de sólo 4 días y practicar yoga con consciencia corporal por 8 semanas, 2 veces/semana, incrementa la fuerza muscular, la resistencia, la flexibilidad y la salud cardiorrespiratoria.
Detenerse un momento durante el día para meditar o hacer una práctica de yoga cambia la reacción primitiva por una acción lógica, incrementando el rendimiento laboral y académico, además de liberar hormonas de la felicidad. Como es de suponerse, en la medida en que en lo personal uno tenga más herramientas para sentirse mejor y sortear los desafíos de la vida cotidiana, generará un bienestar en las relaciones del entorno inmediato, y si eso lo consiguen una multiplicidad de individuos, se generará un bienestar colectivo.
Con herramientas muy fáciles de aplicar, prácticamente en cualquier momento del día, se puede mejorar la relación con uno mismo y con el entorno familiar, en las aulas, en las empresas, en la sociedad, generando empatía, conexión, intención genuina de comunicarse y escuchar activamente, logrando así la unión y la colaboración que dirigen a este gran barco llamado “humanidad compartida” hacia un mismo propósito.

